domingo, 25 de julio de 2010

¿QUÉ és HALSTON?


Dice mi madre que quién busca, encuentra.
Y yo busco, aunque no sé si encontraré, una respuesta a la pregunta con la que titúlo mi entrada de hoy.

Todos podemos hablar de Halston, definir, explicar, contestar con simplicidad: "Halston es la firma americana surgida a finales de los cincuenta. Algunos le recordarán por ser la firma del sombrero mil veces copiado que lució la entonces Lady Kennedy en el 61."

Pero en realidad estaríamos más cerca del universo y de la historia de Halston en los setenta americanos. Cuando las estrellabas entraban en aquel garito, Studio 54, y por consiguiente en la decadencia. Y Roy Halston estuvo muy unido a Studio 54, a sus estrellas y también a la decadencia.



Seguramente Halston sea más que ninguna otra, la firma de los setenta, cuando en Nueva York todo el mundo era feliz, rulaban los whiskazos y sonaba la música disco.

Fue elogiado, admirado por el público de la moda. Sin embargo, casi todo lo que sube baja.
Roy se negó en un principio a venderse a las licencias, algo comprensible pero que le hizo fracasar empresarial y económicamente, siendo rechazado por algunos nombres importantes del comercio.
Y ese fue el principio del fin, de ésta corta história.

Ahora la firma del difunto Halston tiene a una asesora llamada Sarah Jessica Parker (?)
que es como la madrastra mala de la hija huérfana de Halston.

Halston suena bien. Y suena a costa este: Nueva York, Boston, Washington; y a Chicago. Es la América vanguardista de los setenta. Minimalismo puro.
Un poco antes que Calvin Klein y mucho antes que Helmut Lang, las líneas simples y perfectas de Roy Halston conquistaron Paris, en una valiente decisión del diseñador a quién las fastuosas maisons francesas no le hicieron sombra, porque ya había muerto Coco Chanel y el mundo necesitaba algo nuevo para superar el “luto” de la doble ce.
Primero con los tonos neutros, luego directamente con los colores básicos pero vivos.




No sé si realmente hay manera alguna de captar el ideario de ésta firma, que si bien no es infinita, sí es inamovible y le pertenece un lugar en la historia de la moda especialmente relevante.
Sin Halston, como sin Calvin Klein o sin Ralph Lauren, la moda americana no sería nada.

Volviendo a buscar iconos en el exiguo legado de la firma, Cindy Crawford desnuda para la campaña del perfume de Halston sería una buena idea, pero quizá no responda profundamente a la cuestión. Dadme vuestras respuestas, las espero con curiosidad.

¿Qué es Halston?

miércoles, 21 de julio de 2010

Un par de notas del día

A propósito de mi última entrada en la que mencioné el amorío Taylor-Burton, y sí, con temor a pecar de repetitiva, os informo (si por casualidad aún no lo sabéis) de la venidera publicación de algunas cartas de amor que Richard Burton escribió a Elizabeth Taylor durante las oscilaciones de su relación; de las que ya hay jugosa y variada información en la red.


Lo que verdaderamente me inquieta – y me gusta por otro lado – es que sé que las mejores de esas cartas no serán publicadas, como la última carta que le envió el galés antes de morir, si no guardadas secretamente bajo el colchón o quién sabe donde.

De todos modos, me pregunto qué es lo que le habrá llevado a la vieja y fascinante Taylor publicarlas.

Me ha quedado claro, después de leer algunos fragmentos de esas cartas es la admiración ciega – o quizá no tan ciega – del difunto Burton a Elizabeth, que como actriz la ensalzaba a los altares.
También queda confirmada la relación de amor-odio que Burton le profesaba a Elizabeth mientras ella le respondía con seductor desdén.

Luego, en Vanity Fair España de Agosto, por cortesía del número de junio de la edición madre, dedican un espacio entre sus páginas a éste tema en alusión al lanzamiento del libro de las cartas, que será en otoño.

Dejando aparte esa pareja de “belleza, atracción y magnetismo” y enlazando, comento también unas cosas de Vanity Fair España de éste Agosto.


Se trata seguro de un número muy bueno, con los reprints perfectamente seleccionados, con su punto de mala sombra, y con esa capacidad que tiene Vanity Fair de toda la vida de tratar lo kitsch de manera sofisticada.
Bautizado como "tinto de verano" éste número veraniego tiene en su interior material entretenido que repasa a personajes polémicos, tanto del mundo de la prensa amarillista como de la realeza.
Quizás le falta descansar un poco de política y escándalos empresariales, algo a lo que nos deberíamos desacostumbrar de vez en cuando. La política debe interesar, sí, pero en su justa medida.

Me la acabo de comprar hoy y he echado una ojeada para extraer un poco, y os la recomiendo.
Cuando me la lea de cabo a rabo la exprimiré bien.







lunes, 19 de julio de 2010

Los diamantes nunca mueren


No sé si por nostálgica, pero de vez en cuando tengo que volver a hablar de los clásicos.
Y la frase “el amor se va, los diamantes son para siempre” está llena de sabiduría.





Con éstas dos premisas podemos empezar a hablar de los diamantes, de Hollywood y de matrimonios, “el triángulo de las bermudas” (conocido también como “el triángulo del Diablo).

Si hablamos de – mis – favoritos, tengo que rendirme a la evidencia: Harry Winston.
Creo que los diamantes de Harry Winston son “los diamantes”: clásicos, sofisticados y eternos.

"Contigo muero y sin ti porque te quiero"

Pero si hablamos de la relación que existe entre los diamantes y los amores malditos, hablaremos de Elizabeth Taylor y Richard Burton.

Del señor Burton se podrán decir muchas cosas, excepto que fue un tacaño.
El anillo de compromiso que le regaló a Elizabeth Taylor es el más caro de la historia, pagando varios cientos de miles de dólares por un diamante de corte esmeralda.

Pero no sólo de diamantes va la cosa, porque las piedras favoritas de la bella londinense eran las esmeraldas, y Burton que sellaba cada capítulo de la relación con alguna joya, le obsequió con varias de esas fascinantes piedras verdes.



Aunque de la maravillosa colección privada de joyas que tiene Elizabeth Taylor, lo más destacable es un gran diamante, directamente proporcional a la tormentosa relación que tuvo con Richard, que recibió el nombre de “diamante Taylor Burton”.

Como en todo, hay una excepción, y es justamente Elizabeth Taylor la que rebate que los diamantes sean para siempre, y no precisamente por su mala calidad, sino porque subastó el pedrusco Taylor-Burton en una de esas que tuvo con Richard Burton.

Se desconoce su paradero actual, aunque se cree que está en Arabia.

“La pasión desbordada”

No tan hollywoodiense, pero sí novelesco fue el romance trágico que el griego Aristóteles Onassis y la neoyorquina Maria Callas vivieron al borde del abismo.
El millonario tenía la bonita costumbre de agasajar a las mujeres con piezas de joyería, como los rubíes que regaló a la Reina Sofía como presente por sus nupcias.

Y si algo le gustaba a Maria Callas eran las joyas exuberantes.








Sobre Maria, sólo se puede decir, citando a Kurt Pahlen que “…su canto asemeja una herida abierta, que sangra entregando sus fuerzas vitales…como si ella fuese la memoria del dolor del mundo…”.

Y así eran sus joyas, dramáticas como ella.

Onassis, que era un experto en gemas preciosas, fue también un tipo sin escrúpulos… algún día hablaré más profundamente de la historia de Maria y Aristóteles, que me encanta.

Maria se abandonaba a los impulsos en todas las facetas, y mezclaba las joyas auténticas con la bisutería, aunque Visconti la convenció de no lo hiciera.

Curiosamente no tan famosas son las joyas que Aristóteles regalaba a su amada Maria como las que regaló a Jacqueline Bouvier, valoradas en varios millones de dólares.

Una de las anécdotas es el ya conocido ramo de flores con un brazalete de Harry Winston que Ari regaló a Jackie.

¿La más famosa? Un anillo de compromiso de diamantes que el armador regaló a la viuda de América.










Continuaré

viernes, 16 de julio de 2010

Se ha escrito un crimen en Valentino




Tras el último desfile de alta costura de Valentino, me he reafirmado para escribir ésta entrada que ya tenía en mente desde hace mucho, mucho tiempo.

Es realmente crudo el caso de Valentino.
Aquella firma famosa por sus vestidos de seda color bermellón, ha sido sepultada por el paso del tiempo, erosionada por un vaivén de muy mal gusto.
Mientras el laureado Valentino cosechó durante décadas un imperio de femineidad conservadora y elegancia intacta, sus sucesores se han dedicado a tirar por la borda un concepto de buena costura de tantos años de gestación.
La isla de Capri, los grandes banquetes, y el Hollywood elegante de los años cuarenta, han sido algunas de las claves del universo del italianísimo, que hacía lo que vivía: utopía, belleza y tradición.

De eso bebía el archivo de Valentino y de ahí debía sacarse cada puntada y cada boceto.

Más aún con la conmoción que causó su retirada, manteniendo en lo más alto su trabajo.

Con dos fallidas experiencias, difícilmente se puede recular ahora; primero con la deficiente Alessandra Facchinetti y luego con dos sucesores, incapaces de hacer algo mínimamente satisfactorio con los quilos y quilos de organza que malgastaron en el último desfile.

Un reflejo del desbaratamiento de éste legado, se encuentra también en las campañas. Antes eran las modelos más bellas y con mejor porte las que posaban para las campañas de Valentino: Christy Turlington, Yasmeen Ghauri o Hilary Rhoda.
Ahora las campañas no tienen belleza en absoluto, no transmiten la sensación de arrolladora vitalidad de antes, y son tristes modelos de poca monta las que sellan cada temporada en las fotografías la clara deriva artística que está acabando con la última firma de clásica costura europea que queda(ba).

Lo de la deriva artística es otra cosa que me perturba en éste nuevo “Valentino”, y con creces. Ellos dicen que están creando un nuevo Valentino, joven, pero debutaron con una vulgar imitación del clásico Valentino. El resto de desfiles se hicieron base de intervalos de supuesta modernidad, chabacanería…
Los atemporales vestidos de noche, los trajes impecables,...
Todo eso se ha terminado porque dos personas han decidido romper con ese concepto, y crear, según ellos, un Valentino renovado y moderno, “juvenil” (un adjetivo fastidioso, porque no hay nada más juvenil que lo que nunca caduca).

Así que ahora, poco más podemos hacer que mirar y denunciar. "Denunciar".
¿Qué le espera ahora a esa firma? ¿Estarán las ventas a la altura?

¿Tendrá Valentino denegados todos sus derechos sobre la firma y por eso ahora no mete mano?







Pero quizá la pregunta más importante, y que daría lugar a otra entrada es:
¿Sería mejor echarle el candado a Valentino?

Una pregunta que se ha asociado cientos de veces a decenas de firmas que, físicamente o artísticamente, han muerto con sus fundadores.

Y es que para suplantar una identidad (que es lo que han hecho) hace falta, mucho, mucho talento.

Llevo un tiempo – desde bastante antes de abrir el blog – pensando en analizar la situación de la firma Valentino.
Y ya he visto que se me han adelantado en mencionar la estrepitosa caída de éste particular imperio romano de la moda, al menos en lo que a saber hacer se refiere.
Especialmente la locura que ha desatado el último desfile de alta costura. Prefiero no mencionarme sobre eso.

Todos escuchamos las declaraciones contundentes y poco piadosas de Valentino sobre el trabajo de Alexandra Facchinetti (que yo también detesté), y sin embargo ahora que la firma es todo un alegato al mal gusto, la mala costura y la pérdida de identidad... esperamos un contraataque del emperador... y nada.

¿A qué se debe?
Pienso que sencillamente se debe a algún tipo de protocolo empresarial, quizá Valentino no esté autorizado a hablar dado la mala prensa que generó la última vez, o más bien prefiera no hacerlo puesto que los dos “genios” que diseñan ahora para su firma ya trabajaban antes con él en los complementos (lo peor de las antiguas colecciones).

Y no creáis eh, que hay a quién le gusta el nuevo rumbo de la firma por ser más "joven" (!), y no son pocos.

jueves, 15 de julio de 2010

Madonna, Dolce & Gabbana y una campaña imperfecta


Hacer una campaña perfecta es difícil en realidad. Se convierte en un complejo castillo de naipes que a la mínima se desmorona completamente.
Para muestra la campaña de Dolce & Gabbana de ésta temporada, de la que hablaremos a continuación.



Resulta que un mínimo fallo fastidia una campaña que a priori podríamos presentar como magnífica.

Aquí el uso del blanco y negro es un recurso artístico absolutamente justificado, acostumbrados como estamos a ver un corrillo de campañas de moda donde el blanco y negro se convierte en una fruslería barata.


Y se encuentra justificado porque es una campaña con mucho fondo, un fondo que nos enlaza al neorrealismo italiano que tan presente – afortunadamente – se encuentra ahora en la moda.
Remontándonos a la anterior campaña de la firma, la que también protagonizó la señora Ciccone (motivadora de ésta entrada, para mal) ya se veía que el dúo italiano había regresado a sus raíces, y la campaña había constatado ése retorno a los inicios de Dolce & Gabbana donde las campañas con Isabella Rosellini tenían ese aspecto a “Il Gattopardo” que tanto influenció a Domenico y Stefano.


A mí personalmente me gustó la campaña (pese a…) y ahora ésta vuelve a tener ese rollo. Aunque la historia es algo distinta a mi modo de ver, incluso la fotografía tiene otro aspecto, que cambia la estela siciliana de los tomates y la leche, por otra, más de vividora italoamericana.



Y he aquí el quid de la cuestión, la modelo es la omnipresente Madonna, con todo el photoshop que eso implica. Y sí, Madonna será muy italoamericana pero nos desubica del contexto de la fotografía totalmente. Y el castillo de naipes de una buena campaña se desmorona.


Y lo más triste es que hoy en día las modelos son muchísimo peores que Madonna, por eso a falta de pan buenas son tortas.
Además el modelo masculino colabora para que la campaña pierda el sentido totalmente, con ese fenómeno de moda de los llamados "Toy Boy".


Termino para decir que la Madonna de los noventa, la de Gaultier y la del libro “Sex” es icónica y memorable, pero los años le sientan muy malamente.

martes, 13 de julio de 2010

W, la portada del mes



Fabulosa. Gorgeous como dicen los americanos. Así es Eva Mendes y así lo contamos.

No importa si quiera que deteste las tipografías de W, porque la fotografía – de Mert y Marcus – es tremenda.

La treintañera demuestra ser todo un mujerón, no sólo por su fuerte sensualidad sino también por sus ideas; admite que no piensa tener hijos, que puede ser una buena actriz y una sex symbol al mismo tiempo y critica que en EEUU se censure su anuncio de Calvin Klein y se ensalce en cambio la violencia en la televisión.





El editorial no tiene desperdicio, sin pretensiones, vemos en la miamense la sangre caribeña que corre por sus venas y la estética nos traslada a la Cuba pre-revolucionaria, caldeada por el sol y la libido.




El sol brilla y Mendes, la estadounidense, “la nueva mujer americana” como se autodenominó, pasea por La Habana de los años cincuenta.



Creo que si Eva Mendes fuera capaz de despojarse de sus vestiduras, podría mutar en una gran cantidad de personajes.
Por cierto, tiene unos ojos de gacela cautivadores.




Leí la entrada de trendencias donde se opinaba sobre éste editorial y decían que eso no era moda sino una revista erótica. Y personalmente no estoy de acuerdo.
Critican la supuesta ausencia de moda sustituida por el erotismo. Yo digo que es una buena portada y que tiene la misma moda que cualquier otro editorial.

domingo, 11 de julio de 2010

Rojo de labios





En éste al que llamamos mundo de la moda, aún existe el valor seguro.

miércoles, 7 de julio de 2010

Sophia Loren es Italia

Italia es un país extraordinariamente inspirador. Y está contenido en varios italianos de los cuáles podríamos decir que son Italia misma. Cada uno resume, eso sí, una visión particular de Italia.
Se me ocurren muchísimos, Anna Magnani por ejemplo, es la Italia miserable de la postguerra, pero cuando se trata de elegir, elijo a Sophia Loren porque ella es Italia en cuerpo – sobretodo – y en alma.





Escena del streptease de Sophia en "Ayer, hoy y mañana" (1964)