Hacer una campaña perfecta es difícil en realidad. Se convierte en un complejo castillo de naipes que a la mínima se desmorona completamente.
Para muestra la campaña de Dolce & Gabbana de ésta temporada, de la que hablaremos a continuación.
Resulta que un mínimo fallo fastidia una campaña que a priori podríamos presentar como magnífica.
Aquí el uso del blanco y negro es un recurso artístico absolutamente justificado, acostumbrados como estamos a ver un corrillo de campañas de moda donde el blanco y negro se convierte en una fruslería barata.
Y se encuentra justificado porque es una campaña con mucho fondo, un fondo que nos enlaza al neorrealismo italiano que tan presente – afortunadamente – se encuentra ahora en la moda.
Remontándonos a la anterior campaña de la firma, la que también protagonizó la señora Ciccone (motivadora de ésta entrada, para mal) ya se veía que el dúo italiano había regresado a sus raíces, y la campaña había constatado ése retorno a los inicios de Dolce & Gabbana donde las campañas con Isabella Rosellini tenían ese aspecto a “Il Gattopardo” que tanto influenció a Domenico y Stefano.

A mí personalmente me gustó la campaña (pese a…) y ahora ésta vuelve a tener ese rollo. Aunque la historia es algo distinta a mi modo de ver, incluso la fotografía tiene otro aspecto, que cambia la estela siciliana de los tomates y la leche, por otra, más de vividora italoamericana.

Y he aquí el quid de la cuestión, la modelo es la omnipresente Madonna, con todo el photoshop que eso implica. Y sí, Madonna será muy italoamericana pero nos desubica del contexto de la fotografía totalmente. Y el castillo de naipes de una buena campaña se desmorona.



